¿Por qué viajar miles de kilómetros para beber algo que podemos comprar en casa?
¿Por qué viajar miles de kilómetros para beber algo que podemos comprar en casa?
Beber el paisaje: cuando el vino y el tequila se convierten en arquitectura, territorio y alta gastronomía
De Valle de Guadalupe y las bodegas de Rioja a los campos azules de Jalisco, las grandes rutas enológicas y tequileras están demostrando que una bebida excepcional nunca termina dentro de la botella. También se bebe el paisaje que la produjo, la arquitectura que la resguarda, la historia que le dio identidad y la cocina que termina por darle sentido al viaje.
Hay una pregunta que surge inevitablemente al recorrer una gran región vinícola o tequilera: si una botella puede comprarse prácticamente en cualquier ciudad del mundo, ¿por qué viajamos cientos o miles de kilómetros hasta el lugar donde fue elaborada?
La respuesta comienza precisamente donde termina la botella.
Viajamos para ver la tierra. Para caminar entre las plantas. Para entrar en las bodegas. Para descubrir el olor de la madera, la piedra húmeda...








